Bogotá, cuatro años para salvar sus aguas

El Tiempo.com
Colombia
8 Ago 2012

La contaminación podría llevar a la ciudad a un racionamiento, será imposible tratarla.

En la capital del país, los ciudadanos se enorgullecen de tomar agua de la llave sin riesgo para la salud. También, de contar con dos privilegiados sistemas de abastecimiento -Chingaza y Tibitoc- que a primera vista harían impensable que 8 millones de habitantes en Bogotá y 10 municipios cercanos pudieran llegar a padecer un racionamiento. Pero es posible.

Chingaza, una inmensa despensa hídrica a 3 horas de la ciudad y que abastece al 70 por ciento de los bogotanos, y Tibitoc, que alimenta a otro 28 por ciento de los habitantes, son sistemas sobredimensionados. Su capacidad de abastecimiento, 21,8 metros cúbicos en promedio, puede elevarse a 29, el doble del consumo de los bogotanos, hoy de 13,7 metros cúbicos, y 1,3 metros de sus vecinos.

Pese a todo ello, la capital colombiana estaría abocada a un racionamiento en cuatro años, y no precisamente por falta de agua, sino, principalmente, por la creciente contaminación de los ríos que la abastecen: Bogotá y Teusacá.

Durante más de un mes, un equipo periodístico de EL TIEMPO, Citytv y ELTIEMPO.COM recorrió palmo a palmo la ruta del agua que irriga a Bogotá y fue testigo de cómo los daños de las fuentes hídricas son inclementes y las amenazas, diversas. Las cosas se agravan con fenómenos no lejanos como el Niño, que genera sequías. La Corporación Autónoma Regional (CAR) de Cundinamarca no parece darse cuenta. Tampoco algunos alcaldes de la sabana e, incluso, hasta hace poco, ni el propio Distrito.

Los últimos estudios del Acueducto alertan que la vulnerabilidad del sistema de abastecimiento aumentó al punto de que el racionamiento no es descartable. "Si sigue el deterioro en las fuentes de captación y las presiones contra la oferta hídrica -asegura el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), Diego Bravo-, se podrían tener dificultades, hasta las de un racionamiento en 4 o 5 años, y hacia el 2020 se tendría que prescindir de Tibitoc".

Sería una de las consecuencias de la contaminación en los ríos Bogotá y Teusacá, cuyos caudales son cada vez más difíciles de tratar en la planta de Tibitoc, que lleva el líquido potable a quienes viven al occidente de la avenida Boyacá, desde la Autopista Norte a Bosa, y a las 10 poblaciones de la sabana. El año pasado, Tibitoc se vio obligada a cerrar sus compuertas 103 días, tiempo durante el cual no se pudo captar agua para su tratamiento debido al pésimo estado en que llegaba. Este año, por la misma razón, van 70 días. Lo peor es que así la EAAB trate o no el agua, debe pagarle al concesionario lo que cobra.

El director de la planta de Tibitoc, Diego Fernando Rodríguez, explica que hasta hace 10 años el registro de materia orgánica en esos caudales era de 6 miligramos por litro. En el 2011, llegó a picos de 22 miligramos, cuando el máximo permitido para tratarlas es 10. Por ello, de los 8 metros cúbicos por segundo que puede captar por licencia, solo le sirven 3,5.

Lo anterior trajo como consecuencia un incremento en los químicos que se emplean para purificar el agua. Hasta hace 7 años, le bastaban tres (sulfato de aluminio, cal y cloro). Ahora, necesita 7, y en ocasiones ni esa batería de antioxidantes y desinfectantes es suficiente para dejarla apta para el consumo humano. Hoy, tratar un metro cúbico de agua en Tibitoc cuesta 79,43 pesos; antes, valía 32,25 pesos.

Por todas esas complicaciones, los estudios de la EAAB concluyen que el punto de quiebre sería en el 2016, año en que los técnicos calculan que, ante el deterioro progresivo de estos ríos, la proyección de una mayor demanda (18 metros cúbicos por segundo, por ejemplo, frente al consumo actual de 15 en total) y una emergencia en el sistema -como un daño en Chingaza-, no habría suficiente agua potable para suplir todas las necesidades. El embalse San Rafael, del sistema Chingaza, no escapa del problema. Sus aguas cristalinas se han tenido que mezclar con las del estropeado Teusacá cada vez que Tibitoc cierra. Así, las buenas reservas del embalse, que antes daban la tranquilidad de alimentar a Bogotá tres meses, en caso de sequía, ahora se han recortado a dos.

De nada vale que la capital esté sobrada en infraestructura y que por ahorro cada bogotano tenga, en promedio, el segundo consumo más bajo del país (76,32 litros diarios), según la Comisión de Regulación de Agua (CRA). Es uno de los más bajos de Latinoamérica.

Todo eso se pierde con la reducción de la oferta hídrica, por causas como la contaminación. En un recorrido hecho el pasado 28 de junio, a las 10:30 a.m., se observó cómo un intempestivo chorro de agua, mezclado con caliza y concreto triturados, salió de una tubería y cayó directo a los caudales, a la altura de Tocancipá (Cundinamarca).

La descomunal descarga, que duró media hora, provenía de la trituradora Britalia, que, luego se supo, arroja a diario esos residuos al río sin ningún control por parte de la CAR. Fue el trayecto en que los aparatos marcaron el daño de la fuente. Un PH que aguas arriba estaba en 6,82, ahí se subió a 10,4. El promedio aceptable es 7.

Lo realmente crítico es que un kilómetro más abajo está la bocatoma de Tibitoc. Hasta allí llegan esas descargas con residuos industriales, químicos, domésticos, orín y boñiga provenientes de las industrias, fincas y viviendas instaladas entre Gachancipá y Tocancipá. Esas son las aguas que se tratan en Tibitoc, cuando se puede.

Pese a todo, el Instituto Nacional de Salud (INS) certifica que el agua que suministra el Acueducto es de máxima calidad, apta para el consumo humano.

El mal estado de los caudales que se captan

1. Contaminación

Al río Bogotá le descargan al año 165.525 toneladas de materia orgánica y 375.743 residuos químicos e industriales, según un estudio del Ideam.

2. Signos de alarma

En el río Bogotá hay residuos de metales que tienen valores que alarman: el cromo, residuo de las curtiembres, y el zinc, dice el último Estudio Nacional del Agua.

3. La sequía

El río Bogotá tiene un rendimiento hídrico bajo, en tiempo seco, inferior a 20 litros por segundo/km2; el nacional es de 63, dice el Ideam. Esto reduce el agua disponible.

4. Culpa de todos

Los alcaldes de los municipios de la cuenca alta dicen que, pese a todo, afectan menos el río Bogotá, frente a los daños que le provoca la capital.